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5 mar 2021

Un cuento de Andersen

Hans Christian Andersen nos regala un cuento divertido y reflexivo. Te invito a léelo en voz alta dándole la entonación que gustes. Lee y diviértete.


Cinco en una vaina


Cinco guisantes estaban encerrados en una vaina, y como ellos eran verdes y la vaina era verde también, creían que el mundo entero era verde, y tenían toda la razón. Creció la vaina y crecieron los guisantes; para aprovechar mejor el espacio, se pusieron en fila. Por fuera lucía el sol y calentaba la vaina, mientras la lluvia la limpiaba y volvía transparente. El interior era tibio y confortable, había claridad de día y oscuridad de noche, tal y como debe ser; y los guisantes, en la vaina, iban creciendo y se entregaban a sus reflexiones, pues en algo debían ocuparse.

- ¿Nos pasaremos toda la vida metidos aquí? -decían-. ¡Con tal de que no nos endurezcamos a fuerza de encierro! Me da la impresión de que hay más cosas allá fuera; es como un presentimiento.

Y fueron transcurriendo las semanas; los guisantes se volvieron amarillos, y la vaina, también.

- ¡El mundo entero se ha vuelto amarillo! -exclamaron; y podían afirmarlo sin reservas.

Un día sintieron un tirón en la vaina; había sido arrancada por las manos de alguien, y, junto con otras, vino a encontrarse en el bolsillo de una chaqueta.

- Pronto nos abrirán -dijeron los guisantes, afanosos de que llegara el ansiado momento.

- Me gustaría saber quién de nosotros llegará más lejos -dijo el menor de los cinco-. No tardaremos en saberlo.

- Será lo que haya de ser -contestó el mayor.

¡Zas!, estalló la vaina y los cinco guisantes salieron rodando a la luz del sol. Estaban en una mano infantil; un chiquillo los sujetaba fuertemente, y decía que estaban como hechos a medida para su cerbatana. Y metiendo uno en ella, sopló.

- ¡Heme aquí volando por el vasto mundo! ¡Alcánzame, si puedes! -y salió disparado.

- Yo me voy directo al Sol -dijo el segundo-. Es una vaina como Dios manda, y que me irá muy bien-. Y allá se fue.

- Cuando lleguemos a nuestro destino podremos descansar un rato -dijeron los dos siguientes-, pero nos queda aún un buen trecho para rodar-, y, en efecto, rodaron por el suelo antes de ir a parar a la cerbatana, pero al fin dieron en ella-. ¡Llegaremos más lejos que todos!

- ¡Será lo que haya de ser! - dijo el último al sentirse proyectado a las alturas. Fue a dar contra la vieja tabla, bajo la ventana de la buhardilla, justamente en una grieta llena de musgo y mullida tierra, y el musgo lo envolvió amorosamente. Y allí se quedó el guisante oculto, pero no olvidado de Dios. 

- ¡Será lo que haya de ser! - repitió.

Vivía en la buhardilla una pobre mujer que se ausentaba durante la jornada para dedicarse a limpiar estufas, aserrar madera y efectuar otros trabajos pesados, pues no le faltaban fuerzas ni ánimos, a pesar de lo cual seguía en la pobreza. En la reducida habitación quedaba sólo su única hija, mocita delicada y linda que llevaba un año en cama, luchando entre la vida y la muerte. 

- ¡Se irá con su hermanita! -suspiraba la mujer-. Tuve dos hijas, y muy duro me fue cuidar de las dos, hasta que el buen Dios quiso compartir el trabajo conmigo y se me llevó una. Bien quisiera yo ahora que me dejase la que me queda, pero seguramente a Él no le parece bien que estén separadas, y se llevará a ésta al cielo, con su hermana.

Pero la doliente muchachita no se moría; se pasaba todo el santo día resignada y quieta, mientras su madre estaba fuera, a ganar el pan de las dos.

Llegó la primavera; una mañana, temprano aún, cuando la madre se disponía a marcharse a la faena, el sol entró piadoso a la habitación por la ventanuca y se extendió por el suelo, y la niña enferma dirigió la mirada al cristal inferior. 

- ¿Qué es aquello verde que asoma junto al cristal y que mueve el viento? 

La madre se acercó a la ventana y la entreabrió.

- ¡Mira! -dijo-, es una planta de guisante que ha brotado aquí con sus hojitas verdes. ¿Cómo llegaría a esta rendija? Pues tendrás un jardincito en que recrear los ojos.

Acercó la camita de la enferma a la ventana, para que la niña pudiese contemplar la tierna planta, y la madre se marchó al trabajo.

- ¡Madre, creo que me repondré! -exclamó la chiquilla al atardecer-. ¡El sol me ha calentado tan bien, hoy! El guisante crece a las mil maravillas, y también yo saldré adelante y me repondré al calor del sol.

- ¡Dios lo quiera! -suspiró la madre, que abrigaba muy pocas esperanzas. Sin embargo, puso un palito al lado de la tierna planta que tan buen ánimo había infundido a su hija, para evitar que el viento la estropease. Sujetó en la tabla inferior un bramante, y lo ató en lo alto del marco de la ventana, con objeto de que la planta tuviese un punto de apoyo donde enroscar sus zarcillos a medida que se encaramase. Y, en efecto, se veía crecer día tras día.

- ¡Dios mío, hasta flores echa! -exclamó la madre una mañana­ y entróle entonces la esperanza y la creencia de que su niña enferma se repondría. Recordó que en aquellos últimos tiempos la pequeña había hablado con mayor animación; que desde hacía varias mañanas se había sentado sola en la cama, y, en aquella posición, se había pasado horas contemplando con ojos radiantes el jardincito formado por una única planta de guisante. 

La semana siguiente la enferma se levantó por primera vez una hora, y se estuvo, feliz, sentada al sol, con la ventana abierta; y fuera se había abierto también una flor de guisante, blanca y roja. La chiquilla, inclinando la cabeza, besó amorosamente los delicados pétalos. Fue un día de fiesta para ella.

- ¡Dios misericordioso la plantó y la hizo crecer para darte esperanza y alegría, hijita! - dijo la madre, radiante, sonriendo a la flor como si fuese un ángel bueno, enviado por Dios.

Pero, ¿y los otros guisantes? Pues verás: Aquel que salió volando por el amplio mundo, diciendo: «¡Alcánzame si puedes!», cayó en el canalón del tejado y fue a parar al buche de una paloma, donde encontróse como Jonás en el vientre de la ballena. Los dos perezosos tuvieron la misma suerte; fueron también pasto de las palomas, con lo cual no dejaron de dar un cierto rendimiento positivo. En cuanto al cuarto, el que pretendía volar hasta el Sol, fue a caer al vertedero, y allí estuvo días y semanas en el agua sucia, donde se hinchó horriblemente.

- ¡Cómo engordo! -exclamaba satisfecho-. Acabaré por reventar, que es todo lo que puede hacer un guisante. Soy el más notable de los cinco que crecimos en la misma vaina.

Y el vertedero dio su beneplácito a aquella opinión.

Mientras tanto, allá, en la ventana de la buhardilla, la muchachita, con los ojos radiantes y el brillo de la salud en las mejillas, juntaba sus hermosas manos sobre la flor del guisante y daba gracias a Dios.

- El mejor guisante es el mío -seguía diciendo el vertedero.


20 dic 2018

Cuento corto "Los tres árboles" Angela Elwell Hunt



Los tres árboles

Había una vez tres árboles en una colina de un bosque. Hablaban acerca de sus sueños y planes de futuro.
– “Algún día seré cofre de tesoros. Estaré lleno de oro, plata y piedras preciosas. Todos verán mi belleza”. – dijo el primer árbol.
El segundo árbol dijo: “Algún día seré un gran barco donde viajen los más grandes reyes y reinas a través de los océanos. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza y mi poderoso casco”.
Finalmente el tercer árbol dijo:
“Yo quiero crecer para ser el más alto de todos los árboles en el bosque. Así estaré cerca de Dios. Seré el árbol más grande de todos los tiempos y la gente siempre me recordará”.
Durante años, los tres árboles oraban a Dios para que sus sueños se convirtieran en realidad.
Un día, un leñador los taló y se los vendió a unos carpinteros. Con el primer árbol hicieron un cajón de comida para animales, y fue puesto en un pesebre y llenado con paja. Se sintió muy mal pues eso no era lo que él había pedido tanto.
El segundo árbol fue cortado y convertido en una pequeña barquita de pesca, y fue puesto en un lago. Sus sueños de ser una gran embarcación habían llegado a su fin.
El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y lo abandonaron en la oscuridad de un almacén.
Al verse así, los tres árboles sintieron que sus planes habían fracasado.
Sin embargo, una noche, José y María llegaron al establo y pusieron al Niño Jesús en el pesebre. Entonces el primer árbol descubrió que había contenido el mayor tesoro de la humanidad.
Años más tarde, Jesús y algunos discípulos subieron a la pequeña barca para cruzar el lago de Galilea. Durante la travesía, una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvarlos. Pero Jesús se levantó y calmó la tempestad. Y el segundo árbol descubrió que llevaba al Rey de todos los reyes y Señor de señores.
Finalmente, alguien cogió dos de las tablas que estaban en el almacén y sobre ellas crucificaron a Jesús. Cuando llegó el domingo, Jesús resucitó y el tercer árbol sintió que había estado más cerca de Dios de lo que nunca pudo imaginar.

Angela Elwell Hunt

18 mar 2014

Cuenta Cuentos para Toda la Familia: ANIMALÍOS

Un día los cuentos me hablaron, yo no recuerdo haber escuchado que mi madre me contara una historia, por esa razón los cuentos decidieron declararme su amor y yo me entregué libremente. Mientras más leía más enamorada quedaba y al parecer será eterno. Las miles de posibilidades que existen para contar una historia hacen que nunca deje de descubrir un mismo cuento.

La narración oral viene desde hace muchos años atrás. Los grandes jefes de familia se reunían alrededor del fuego para contar historias del pueblo, de la tribu, de la familia, del héroe y de sus aventura, etc. Luego se empezaron a transmitir de generación en generación. Más adelante, la escritura permitió que esos cuentos pudieron llegar a nuestras manos y oídos.

La imaginación conllevó a construir historias de mundos que salían de lo cotidiano o conocido, esta vez el matiz cambiaba, los escenarios y hasta los personajes. Todo se volvió mágico. Luego vinieron las fábulas tratando de dar moralejas, pero instaurando la comunicación entre animales con características humanas.

Este espectáculo toma esta peculiaridad, recoge cuentos que hablan sobre los problemas animales que derivarán en una solución y en un gran aprendizaje. Este Miércoles 26 de marzo a las 7:30 pm. los podrás conocer.

"ANIMALÍOS" está dirigido al público familiar, es decir de 0 a 100 años. Lo que proponemos es una serie de cuentos con una temática común: Líos de animales, problemas difíciles de resolver; todo contado al ritmo del Rock and Roll, acompañamiento musical que estará a cargo del guitarrista Jorge Bartra



El cuento es la herramienta perfecta para que grandes y chicos viajen por mundos increibles donde todo es posible. En esta propuesta la imaginación será nuestra mejor aliada, pues escucharemos la historia de un gallo piurano cuyo único deseo en la vida es ir a vivir en la capital; también la de un pollito que es engañado por un rey y que no se rendirá hasta encontrar su medio real; serán testigos de las mañas de un zorro que intentará estafar a un armadillo y conocerán la terrible lección que tuvo que aprender el famoso y hermoso Pez Arcoiris.

Sobre la Narradora Oral:

Yeniffer Díaz, Gestora Cultural, docente de literatura, creatividad, expresión oral; actriz y sobre todo narradora de cuentos; como tal ha llevado sus proyectos y espectáculos por Cusco, Cañete, Barranca, Arequipa e Iquitos y fuera del país a Chile y España. Ha participado en diversos festivales de narración oral nacionales y co-dirige la Asociación Cultural Tiempo de Cuentos que ha producido dos versiones del Festival Puro Cuento.
Actualmente es gestora del espacio “La noche del Cuento” en el Centro Cultural CAFAE-SE.




Esta propuesta cuenteril tiene algo de cierto y mucho de imaginación, así que te invitamos a formar parte de este entretenido Tiempo de Cuentos. 

Los esperamos en el Centro Cultural CAFAE-SE (Av. Arequipa 2985 San Isidro, a una cuadra y media del cruce con Javier Prado.

Activos y Cesantes del Sector Educación    6 soles
Estudiantes, Niños y Jubilados                   10 soles
Público General                                             20 soles